
Me basta el apretón de sus manos para saber que nunca volverá, que ya sólo podré pensar en ella. Y cuando regrese de los sueños que adormecen la desesperanza, me perderé en la melancolía que va arrugando la mirada del corazón. Para entonces habré olvidado nostalgias, desaparecerán las magulladuras del recuerdo, y durante esa espera buscaré el aliento en todo aquello que pudo ser pero no fue.
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